viernes, 22 de febrero de 2008

Historia de la Flota Mercante Grancolombiana

Durante la Segunda Guerra Mundial el comercio internacional de Colombia, que estaba sometido a las compañías navieras extranjeras, sufrió fuertes restricciones que dificultaron la colocación del café, principal producto de exportación, en los centros de consumo, así como la normal importación de productos que abastecían al país. La posición geográfica de Colombia y el hecho de que más del 90% de su comercio exterior se efectuara entonces, como ahora, por vía marítima le dio a la actividad naviera un carácter de fundamental importancia para el desarrollo económico del país.

Constitución de la Flota Mercante Grancolombiana

En febrero de 1946 se celebró, en Bogotá, la Primera Conferencia Naviera Grancolombiana que buscaba la creación de una empresa de marina mercante para Colombia, Venezuela y Ecuador. En abril del mismo año se llevó a cabo la Segunda Conferencia, en Caracas, en donde se decidió la creación de la Flota con una participación del 45% de capital colombiano, igual porcentaje venezolano y 10% ecuatoriano.

El capital suscrito y pagado fue de 20 millones de dólares. El aporte colombiano fue hecho por el Fondo Nacional del Café, a través de la Federación Nacional de Cafeteros. La sede principal de la recién creada Flota Mercante Grancolombiana fue Bogotá, ciudad en donde siempre estuvo la gerencia general.

50 años navegando por el mundo

La Flota comenzó sus operaciones en mayo de 1947 con 5 buques nuevos, comprados en Estados Unidos y sobrantes de la flota auxiliar de la Segunda Guerra Mundial. Tenía personal en tierra y en mar. Hacían parte del personal de tierra los empleados de las oficinas administrativas, los agentes navieros y los estibadores.

Jóvenes de todo el país se enlistaron atraídos por la posibilidad de recorrer el mundo, trabajando a bordo de barcos de bandera nacional. La Armada Nacional otorgaba las licencias a sus miembros para navegar en los diferentes cargos a bordo y evaluaba a los aspirantes.

Así, la Flota se fue proveyendo de capitanes, timoneles, contramaestres, marinos, ingenieros, contadores, electricistas, paramédicos, enfermeros, camareros, cocineros, aceiteros, carpinteros, limpiadores, mecánicos torneros.

Para 1953, contaba con 12 barcos propios, tenía instalaciones para organizaciones técnicas en Estados Unidos, en los tres países socios y en varias naciones de Centroamérica. Se creó una filial en Nueva York y sucursales en Estados Unidos; tenía además dos muelles alquilados en Brooklyn.

Tales fueron las proporciones de la demanda, que la empresa se vio obligada a ordenar la construcción de seis nuevos barcos, del mismo tipo pero de mayor capacidad. El buque más representativo de la Flota fue sin duda el República de Colombia, de hecho hubo tres buques con el mismo nombre y no faltaron el Republica de Venezuela y el República de Ecuador. Durante el gobierno del general Rojas Pinilla hubo un barco ganadero, el buque Rio Sinú, que transportó vacas, ovejas y caballos entre otros.

Venezuela se retiró de la sociedad en 1953, hecho que cambió la composición accionaria a 80% de participación del Fondo Nacional del Café y 20% del Banco de Fomento de Ecuador. Entre 1971 y 1975, la Flota operaba 110 buques, entre propios y alquilados, sirviendo 190 puertos en el mundo; generó la mayor cantidad de empleos y llegó a contar con 2.100 marinos, sin referir los funcionarios en tierra.

La Flota Mercante en la economía nacional

La importancia económica de la marina mercante de Colombia se reflejó sobre la balanza de pagos del país. Cuando se movilizaban las importaciones en buques de bandera nacional se ahorraban divisas, lo que se asemeja a una sustitución de importaciones y, de otra parte, se producía un ingreso directo de divisas cuando se transportaban los productos de exportación del país y entre terceros países.

Además del valor económico, el desarrollo de la Flota Mercante generó un valor estratégico porque durante 50 años brindó estabilidad al comercio del café al garantizarle el transporte propio, seguro y eficiente a todos los puertos del mundo.

La Flota fue también gran impulsora de las exportaciones no tradicionales del país: banano, algodón, abonos y otras exportaciones menores encontraron en los buques de la Flota los mismos beneficios del café.

La importancia de los fletes marítimos

Año tras año en las Conferencias Marítimas Mundiales, la Flota Mercante Grancolombiana defendió la estabilidad y los niveles razonables de los fletes marítimos, para bien del comercio exterior colombiano. Cuando los buques de la Flota llevaban carga entre terceros países, los fletes generados correspondían a la exportación colombiana de un servicio.

Los fletes marítimos han aumentado 400% desde 1997, cuando la Flota dejó de operar. Actualmente el país paga entre 1700 y 2000 millones de dólares al año por concepto de fletes, razón por la cual desde hace varios años se ha hablado de la posibilidad de revivir la marina mercante nacional:

“La creación de una flota mercante sería la salida a los altos costos de los fletes por los que hoy tienen que responder los exportadores cuando hacen uso del transporte naviero”. Esta fue una primera respuesta del presidente de Proexport, Luis Guillermo Plata, ante la solicitud de su homólogo de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, Analdex, Javier Díaz Molina, de crear un comité de trabajo que aborde salidas a uno de los problemas que hoy hace menos competitivos a los empresarios del país a la hora de exportar.

El dirigente gremial también recibió el aval de los ministerios de Comercio, Industria y Turismo y de Transporte, así como de la Superintendencia de Puertos, para crear la referida comisión institucional.
La sugerencia de volver a conformar la flota mercante fue planteada por un funcionario de la Comisión Económica para América Latina, Cepal, que recientemente vino a Colombia invitado por Proexport para que ilustrara sobre el fenómeno de los costos logísticos y sus repercusiones en el comercio exterior[1].

[1] Tomado de Colombia volvería a tener flota mercante, en http://www.nuestromar.org/noticia.php?tp=5&nt=4761, Fuente periódico El País, Colombia.

3 comentarios:

Unknown dijo...

los contenedores han acabado con el negocio marítimo.Los puertos se han quedado vacíos, hasta el punto que,puertos pequeños y hasta medianos, han pasado a ser puertos deportivos.
solo han quedado navegando petroleros, mineraleros, cruceros ( estos se han incrementado por miles)y mercancías especiales.
Se han acabado los barrios nocturnos de marinos.
En fin es un caos. El container ha acabado con la alegría de los puertos, donde las mercancías estaban a la vista, trabajaban y las grúas no paraban.
yo ya tengo 76 años y aun sufro por esta situación. He sido estibador y con ello he dejado mi alma.
Saludos Jose Ayora .

Denisse Mejía dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Denisse Mejía dijo...

Mi papá fue pensionado de la flota, era traductor, se llamaba Fabio Mejía Ocampo, ¿alguien lo conoció?